martes, 7 de junio de 2011

Atalaya del 1 de enero de 1970, págs. 15-22

Jehová Dios, el Oidor de la oración
DAVID fue un hombre de fe que buscó encarecidamente a Dios. Fue remunerado ricamente en su búsqueda. En su juventud fue ungido por Samuel, bajo la dirección de Dios, para ser el futuro rey de Israel, pues fue a quien Jehová halló “agradable a su corazón.” No mucho después, en el bien conocido encuentro con el gigante filisteo, Goliat, David le demostró su fe y devoción fuertes a Jehová en acción. Aun más temprano, siendo un pastorcillo, había demostrado ese mismo espíritu al matar a un león y un oso cuando rescató las ovejas de su padre de la mismísima boca de aquellas feroces criaturas. David tenía buenos antecedentes, y podemos aprender mucho de él.—1 Sam. 13:14; 16:11-13; 17:34-36, 45-47.
2 Cuando David finalmente llegó al trono y capturó a Jerusalén, que estaba en poder de los jebuseos, y en particular la “fortaleza de Sion,” estableció su trono en aquella ciudad. En la primera oportunidad, David subió el Arca sagrada con gran regocijo a Sion. Reconoció que representaba la presencia de Jehová, que era el “arca del Dios verdadero, donde se invoca un nombre, el nombre de Jehová de los ejércitos, que se sienta sobre los querubines.”—2 Sam. 5:5-7; 6:2.
3 Sin embargo, David no quedó satisfecho con eso. Como dijo más tarde en una ocasión: “Estaba junto a mi corazón el edificar una casa de descanso para el arca del pacto de Jehová y como banquillo de los pies de nuestro Dios.” Aunque no se le permitió edificar esta casa, o templo, puesto que había derramado mucha sangre en guerra, no obstante Jehová permitió que David efectuara mucho de lo requerido para realizar el deseo de su corazón. En preparación, reunió una cantidad inmensa de los materiales de construcción que se necesitaban, algunos de ellos a gran costo para él mismo. Como dijo él: “Conforme a todo mi poder he preparado para la casa de mi Dios . . . [y] todavía hay una propiedad especial mía, oro y plata; la doy en efecto a la casa de mi Dios además de todo lo que he preparado para la casa santa.”—1 Cró. 28:2, 3; 29:2, 3.
4 Finalmente, David bendijo a Jehová delante de toda la congregación en oración, con lenguaje de la mayor dignidad y reverencia. Es muy interesante notar cuán estrechamente paralelos corren sus pensamientos con los puntos principales abarcados en lo que se conoce como el padrenuestro. (Mat. 6:9-13) Por considerarlo de primera importancia, David ensalza y santifica el nombre de Dios, atribuyéndole “la grandeza y el poderío y la hermosura y la excelencia y la dignidad . . . estamos dándote las gracias y alabando tu hermoso nombre.” Dando énfasis a la importancia del reino de Dios y de que se haga la voluntad de Dios en el cielo y en la Tierra, ora: “Porque todo lo que hay en los cielos y en la tierra es tuyo. Tuyo es el reino, oh Jehová, El que también te alzas como cabeza sobre todo. . . . tú lo estás dominando todo.” Tal como en el padrenuestro viene después la petición de que se suministren las necesidades personales y la petición de perdón de pecados, así mismo David pasa a reconocer de parte de él y de todo el pueblo su dependencia completa en las provisiones de Jehová y su propia indignidad personal. Finalmente, David expresa la esencia del espíritu de dedicación y devoción de toda alma con estas palabras: “Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificarte una casa para tu santo nombre, de tu mano es, y a ti todo ello pertenece.”—1 Cró. 29:10-16.
5 La casa de Dios y la ciudad de Dios, éstas fueron manifiestamente las dos cosas predominantes en la mente de David y en las que estaba el afecto de su corazón. Su identificación estrecha con ellas lo ayudó grandemente y lo guió en sus oraciones. Un ejemplo excelente de esto se ve en el Salmo 122, que recomendamos que usted lea. Toda línea habla de su deseo vehemente, en compañía con otros, de adorar y “dar gracias al nombre de Jehová” en la casa de Jehová, situada “dentro de tus puertas, oh Jerusalén . . . ciudad que ha sido bien trabada en unidad.” Especialmente pide a su pueblo que ore por “la paz de Jerusalén.” ¿Por qué? En parte, como dice él, “por amor de mis hermanos y mis compañeros ciertamente hablaré ahora: ‘Haya paz dentro de ti.’” Pero más importante: “Por amor de la casa de Jehová nuestro Dios ciertamente seguiré buscando el bien para ti.”
6 En armonía con nuestro tema, note también las palabras de David registradas en el Salmo 65. Muestran que la adoración se puede expresar a modo de contraste, pues él ora: “Para ti hay alabanza —silencio—, oh Dios, en Sion; y a ti se pagará el voto.” Luego dice: “Oh Oidor de la oración, aun a ti vendrá gente de toda carne.” ¿Significa esto un acercamiento incondicional, que podemos hallar a Dios en todas partes, en cualquier lugar, como algunos creen? De ninguna manera. Note lo que David enseguida dijo por inspiración: “Feliz es aquel a quien tú escoges y haces que se acerque, para que resida en tus patios. Ciertamente quedará satisfecho con lo bueno de tu casa, el lugar santo de tu templo.”—Sal. 65:1-4.
7 Sin embargo, notamos que David no dijo que solo su propio pueblo, los israelitas, podían acercarse a Dios. Él definidamente dijo que a Jehová, el “Oidor de la oración, aun a ti vendrá gente de toda carne.” ¡Qué benévola invitación se denota en estas palabras! En estrecha armonía con esto, ¡cuán atrayentes y definidas son las palabras registradas por Isaías: “Y los extranjeros que se han unido a Jehová para ministrarle y para amar el nombre de Jehová, a fin de llegar a ser siervos de él . . . yo también ciertamente los traeré a mi santa montaña [Sion] y los haré regocijarse dentro de mi casa de oración . . . Porque mi propia casa será llamada hasta casa de oración para todos los pueblos”!—Isa. 56:6, 7; vea también 2 Crónicas 6:32, 33.
8 ¿Se ve usted mismo como uno de estos “extranjeros,” es decir, no como israelita espiritual con la esperanza celestial, sin embargo regocijándose por llegar a conocer a Jehová y amarlo y servirle? ¿Ha respondido usted a la invitación de participar con otros adoradores sinceros y venir a la casa de oración de Jehová? Aun los del Israel espiritual tuvieron que ser reunidos así, pues durante el período de la I Guerra Mundial incurrieron en la cólera de Jehová y cayeron en una condición de estar enfermizos y dispersos. Mas Jehová, en su gran misericordia, los restauró a su favor, además de hacer accesible el camino para que una grande muchedumbre de personas semejantes a ovejas fuera reunida en unión estrecha con el resto del Israel espiritual. La profecía de Isaías, al seguir, confirma esto muy claramente, diciendo: “La expresión del Señor Jehová, que está juntando a los dispersos de Israel, es: ‘Le juntaré otros a él además de los suyos ya juntados.’”—Isa. 56:8; vea también Isaías 12:1; Revelación 7:13-15.
9 El hecho de que David sabía orar lo prueban abundantemente sus muchos salmos. Pero, ¿quién le enseñó? Debe haber respondido bien a la instrucción y entrenamiento de sus padres. Ellos obedecieron el mandamiento dado por medio de Moisés, de “amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma y toda tu fuerza vital. Y estas palabras que te estoy mandando hoy tienen que resultar estar sobre tu corazón; y tienes que inculcarlas en tu hijo” a todo tiempo. (Deu. 6:4-7) Así David aprendió a apreciar los requisitos principales de primero embeber conocimiento exacto de una fuente confiable, la Palabra escrita de Dios, y cumplir con ellos. Puesto que era enseñable y tenía la condición correcta de corazón, este conocimiento y entendimiento fortalecieron su fe, que, como hemos visto, no fue tardo en demostrar desde su juventud temprana en adelante. Junto con su fe, se formó en él un gran amor y una gran lealtad a Jehová, que nada podría quebrantar, aunque una o dos veces pecó lamentablemente.
10 Quizás usted no tenga las mismas ventajas de que disfrutó David desde la infancia temprana, pero no hay otra manera. No hay método abreviado. Usted puede comenzar por medio de adquirir conocimiento exacto y obtener un entendimiento apropiado de la voluntad y propósito de Dios según se revelan en su Palabra. Hay que persistir en este proceder. Usted tiene que seguir escudriñando y cavando como si fuera por tesoros escondidos, edificando un fundamento que se haga cada vez más ancho y más profundo. (Pro. 2:1-9) Hay que responder y obrar en armonía con esta adquisición de conocimiento y entendimiento, dejando que produzca una fe fuerte en Jehová y amor a él, que lleven a la dedicación. Se puede hacer. Se ha hecho desde los tiempos más tempranos, comenzando con Abel. Hoy se hace por hombres y mujeres y jóvenes de varios temperamentos y de todo ramo de actividad, algunos con antecedentes desfavorables y adversos. Se concede que todos necesitamos mucha ayuda y estímulo, y en esto está incluido el aprender a orar. Sin embargo, como sucedió en el caso de David, nos puede ayudar en gran manera el mantener asociación estrecha con la ciudad de Dios y la casa de Dios. Pero, ¿dónde se encuentran éstas hoy día? ¿Es una ciudad literal y una casa literal?
CIUDAD Y CASA MODERNAS DE DIOS
11 La Palabra de Dios da una respuesta clara y animadora a estas preguntas. La Biblia muestra que estas cosas que Dios usó en sus tratos con el Israel de la antigüedad fueron cuadros, que prefiguraron cosas mucho mejores, comenzando con Cristo Jesús, el Mayor David. Pablo dice que todo el arreglo de la Ley, dado por medio de Moisés, fue “una sombra de las buenas cosas por venir.” Cuando Cristo Jesús vino, puso fin a aquel arreglo típico, figuradamente “clavándolo al madero de tormento.” Por medio de Cristo, Dios estableció un arreglo mejor y lo hizo “mediador de un nuevo pacto,” con el propósito de producir un nuevo pueblo, un Israel espiritual, la congregación cristiana. Hoy todavía hay un resto de este pueblo en la Tierra, que forma el núcleo de los testigos de Jehová. Es este pueblo, ungido con el espíritu santo de Dios y que tiene la esperanza celestial, el que cumple el cuadro profético de la ciudad y casa, o templo, de Dios. Usando ambas ilustraciones, Pablo, al escribir a los cristianos de Éfeso, dice: “Son conciudadanos de los santos y son miembros de la casa de Dios.” Después de mencionar a los apóstoles y a Cristo Jesús, “la piedra angular de fundamento,” continúa: “En unión con él el edificio entero, unido armoniosamente, va creciendo para ser templo santo para Jehová. En unión con él ustedes, también, están siendo edificados juntamente para ser lugar donde habite Dios por espíritu.” ¡Qué concepto más sublime, y al mismo tiempo íntimo, de la estrecha relación entre Jehová y la entera congregación cristiana, la clase del templo!—Heb. 9:15; 10:1; Col. 2:14; Efe. 2:19-22.
12 Sin embargo, ésta no era la primera vez que se había expresado tal pensamiento. Cuando Pablo escribió esas palabras probablemente tenía presente lo que el salmista registró por inspiración en excelente forma poética en el Salmo 132, intitulado “Canción de las Subidas.” Primero habla de su declarada resolución de no darse descanso “hasta que halle un lugar para Jehová, un magnífico tabernáculo para el Poderoso de Jacob.” Describe la subida del arca en procesión triunfal a Sion, y dice: “De veras levántate, oh Jehová, a tu lugar de descanso, tú y el arca de tu fuerza.” Luego dice lo que Jehová mismo piensa respecto a esta casa y esta ciudad que ha escogido: “Porque Jehová ha escogido a Sion; la ha ansiado como morada para sí: ‘Este es mi lugar de descanso para siempre; aquí moraré, porque la he ansiado’” (Sal. 132:1-5, 8, 13, 14) ¿No podemos decir que ya que esto es lo que Jehová piensa en cuanto a ello, entonces ciertamente el orar y establecer comunión con él no va a ser difícil para nadie que sinceramente se identifique con ese lugar de habitación?
13 Esa clase del templo se veía claramente en el día de Pablo en las diversas congregaciones cristianas. Se ve aun más claramente en nuestro día, especialmente desde 1919, cuando muchas de las parábolas proféticas de Jesús están cumpliéndose, como ‘el juntar el trigo en el granero,’ y ‘recoger los peces excelentes en receptáculos.’ (Mat. 13:30, 48; 24:31) Pablo esperaba con deleite este tiempo en el cual la congregación cristiana llegara a su madurez como “hombre hecho, a la medida de crecimiento que pertenece a la plenitud del Cristo.” Explica cómo se mantienen este crecimiento y la relación excelente, primero “por medio de toda coyuntura que da lo que se necesita,” también “conforme al funcionamiento de cada miembro respectivo en la debida medida,” y en consecuencia esto “contribuye al crecimiento del cuerpo para la edificación de sí mismo en amor.”—Efe. 4:13-16.
14 Esta condición feliz y saludable se encuentra hoy en la excelente familia grande de los testigos de Jehová. Todos están dedicados a Jehová, lo cual se demuestra bíblicamente por la inmersión en agua y su subsecuente proceder. Satisfacen los requisitos principales de adquirir conocimiento exacto por medio de estudio continuo de la Biblia, edificando su fe y su espíritu de devoción a Jehová. Aunque solo una minoría, un resto, tiene la esperanza celestial, todos ellos en todo el mundo están ‘unidos armoniosamente y se les hace cooperar’ por medio de las coyunturas o eslabones principales que se ven en los que están nombrados a puestos de superintendencia. Sin embargo, como dijo Pablo, el crecimiento también se mantienen “cada miembro respectivo en la debida medida,” cada uno cumpliendo con su parte, sea joven o anciano, varón o hembra, algunos a un grado pequeño al comenzar, otros a mayor grado de responsabilidad. Como dijo Pablo antes en esa misma carta, fue el buen placer de Dios “al límite cabal de los tiempos señalados . . . reunir todas las cosas de nuevo en el Cristo, las cosas que están en los cielos y las cosas que están sobre la tierra.” Esta reunión de cristianos en una unidad estrecha está de acuerdo con la voluntad de Dios, y a él se le da todo el crédito. Es “Dios que lo hace crecer.”—Efe. 4:16; 1:9, 10; 1 Cor. 3:7.
ENSÉÑANOS A ORAR
15 Tomando esto en cuenta, ¿no es razonable llegar a la conclusión de que en lo que toca a nosotros mismos, individualmente, una asociación estrecha con este cuerpo de adoradores dedicados de Jehová, entre quienes él mora, nos ayudará en gran manera a mantener la relación personal con Jehová y la comunión con él en oración? Ellos considerarían un verdadero privilegio y placer el animarlo y ayudarlo a usted en este precioso y vital aspecto de su vida cristiana. Cuando uno de los discípulos le dijo a Jesús: “Señor, enséñanos a orar,” él prestamente respondió con una oración modelo. Él siguió inmediatamente con una ilustración que recalcó la necesidad de persistir en la oración. Esto no daba a entender que el Padre celestial fuera tardo para escuchar o responder, pues Jesús concluyó diciendo que así como los padres imperfectos y pecaminosos ‘saben dar buenos dones a sus hijos, ¡con cuánta más razón dará el Padre en el cielo espíritu santo a los que le pidan!’—Luc. 11:1-13.
16 De modo semejante, los testigos de Jehová, como discípulos de Jesús, gozosamente harán cuanto puedan respecto a esto, por guía directa, basada en la Palabra de Dios, y también por ejemplo. Cuando encuentran a alguien que muestra interés, se esfuerzan por hacer arreglos para celebrar un estudio bíblico de casa con regularidad con esa persona, el cual estudio se principia y se concluye con una breve oración siempre que es posible. Todas sus reuniones y sesiones, salvo las reuniones públicas, incluyen este mismo rasgo, la oración, en la cual todos los presentes participar sinceramente. Al asistir y participar en el espíritu de estas reuniones, usted hallará un clima conducente a la oración. No queremos decir esto a modo de atracción o estímulo emocional, sino que se debe a que todos los concurrentes están unidos en alimentarse a la mesa de Jehová con el edificante alimento espiritual de su Palabra. Están unidos, también, en su devoción a Jehová y en el servicio a los intereses de su Reino, también en su amor genuino, afectuoso y altruista entre unos y otros. Naturalmente, es posible que sus sentimientos sean movidos en tales ocasiones, pero los sentimientos no son en sí mismos el criterio ni la meta principal que se tiene en mira.—Mat. 18:20.
17 Además, se le ayudará a usted en los aspectos más personales de la oración, como las cosas apropiadas que se han de incluir en sus peticiones y expresiones de alabanza y acción de gracias. Quizás surjan problemas en su vida, como surgen en la vida de todos los que se esfuerzan por ser cristianos verdaderos; y, en todas estas cosas, prescindiendo de lo complejas que sean, usted descubrirá que se le ayudará a obtener el punto de vista de Dios sobre el asunto. Usted aprenderá a poner en práctica esta exhortación excelente del apóstol: “No se inquieten por cosa alguna, sino que en todo por oración y ruego junto con acción de gracias dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales por medio de Cristo Jesús.”—Fili. 4:6, 7.
18 Por supuesto, podríamos considerar más detenidamente muchos otros detalles, pero en este repaso del tema de la oración nuestro propósito principal ha sido mostrar a los buscadores sinceros a base de las Escrituras dónde hallar a Dios y cómo acercarse a él por medio del único conducto, Cristo Jesús. Acerca de él, Pablo dijo: “Porque no tenemos como sumo sacerdote a uno que no pueda condolerse de nuestras debilidades, sino a uno que ha sido probado en todo sentido igual que nosotros, pero sin pecado. Acerquémonos, por lo tanto, con franqueza de expresión al trono de bondad inmerecida, para que obtengamos misericordia y hallemos bondad inmerecida para ayuda al tiempo oportuno.”—Heb. 4:15, 16; Juan 14:13, 14.
DOS CUADROS DE ASOCIACIÓN ESTRECHA
19 Es notable el énfasis que dan las Escrituras a la importancia de la asociación estrecha. Para su estímulo, consideraremos dos cuadros de esto, desde dos puntos de vista, el colectivo y el personal.
20 Como ya se ha mencionado, todavía hay en la Tierra un resto de la clase ungida del templo, que se edifica “para ser lugar donde habite Dios por espíritu,” lo cual hace posible que una “grande muchedumbre” de “otras ovejas” disfrute de compañerismo estrecho con éste. (Efe. 2:22; Rev. 7:9, 15; Juan 10:16) Algunos preguntarán: ¿Se perderá esa bendición cuando todos los de la clase del templo finalmente estén unidos a Cristo Jesús en su trono celestial, después del Armagedón? No según lo que Juan vio en visión. Él vio y describió la “santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios y preparada como novia adornada para su esposo.” ¡Esto desafía la imaginación! No solo exceden por mucho las medidas de la ciudad lo que hemos conocido en nuestra experiencia, pues son de 604 kilómetros (3.000 estadios) en cada dirección, en longitud, anchura y altura, sino que se ve la entera ciudad descender del cielo. No, no por medio de un descenso literal del gobierno celestial, sino por medio de dirigir éste su atención y actividades hacia esta Tierra. No obstante, ¿con qué efecto tocante a los que están en la Tierra? Es como Juan oye que se anuncia: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos.” (Rev. 21:2, 3, 16) No podría expresarse con palabras una asociación más estrecha. Si usted reside con alguien, usted vive en la misma casa con esa persona, ¿no es verdad? Ese es el cuadro. ¡Qué gozo y consuelo para todos los que están en armonía con ese gobierno celestial, con un sentido de su proximidad inmediata! También note que cada vez que Juan se refiere a esta ciudad se le inspira a mencionar su descenso. Lo menciona tres veces para dar énfasis. El primer caso es cuando registra la promesa dada “al que venza” en la congregación que está en Filadelfia: “Sobre él escribiré . . . el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que desciende del cielo desde mi Dios.” (Rev. 3:12; 21:2, 10) Esto precede al mensaje que se le envía a la congregación de Laodicea, donde encontramos nuestra otra ilustración. Es personal y se refiere, no a la casa de Dios, sino a la propia casa de usted.
21 ¡En qué condición lamentable se encontraba esta última congregación! Tibia y a punto de ser vomitada de la boca del Señor. No obstante, encontramos que a cualesquier individuos de esa congregación que estuvieran listos a escuchar se les dan estas palabras amigables de amonestación y consejo: “A todos aquellos a quienes les tengo cariño los censuro y los disciplino. Por lo tanto sé celoso y arrepiéntete.” Ahora note lo que dice enseguida Jesús: “¡Mira! Estoy de pie a la puerta y toco. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo.” (Rev. 3:19, 20) No, él no dice que usted venga y toque a la puerta de la casa de él, preguntándose qué pudiera significar el que se le exigiera presentarse ante él. Más bien, él se representa estando de pie y tocando a la puerta de usted. ¡Qué asombroso cuadro! Imagínese que es su casa y que usted está solo, a punto de cenar como de costumbre. Luego súbitamente usted oye que alguien toca y una voz que anuncia quién es. ¡El Señor mismo! Pues, por supuesto, usted inmediatamente lo invitaría a entrar. No hay por qué preocuparse en cuanto a lo que haya en la despensa, porque usted sabría que él no habría venido para comerse cuanto usted tuviera y dejarlo en la miseria, como decimos a veces. Más bien, usted sabría que el verdadero propósito de su visita sería darle el beneficio de un banquete espiritual abundante y edificante y de disfrutar de comunión preciosa con él en el clima casero de la amistad personal. ¿No es eso lo que hizo Jesús cuando estuvo en la Tierra y se le invitaba a cenar, como sucedió en el caso de Lázaro y sus hermanas?—Luc. 10:38-42.
22 Entre otras cosas, esta ilustración muestra que nuestra dedicación envuelve una invitación bilateral. Primero, Jehová, por medio de Cristo Jesús, lo invita a usted a entregarse en dedicación plena y sin reservas a él. En segundo lugar, Cristo Jesús, hablando por su Padre y él mismo, le pide a usted que lo invite a entrar en su casa, en su mente y corazón y en toda su vida. ¿Con qué propósito? Él quiere que usted le permita hablarle en la quietud de su propia mente y corazón. ¿Cómo? Por medio de la Palabra de su Padre y también su organización, es decir, en las reuniones y en compañerismo con su pueblo. Eso significa que, a medida que usted escuche ansiosamente, habrá un libre fluir del espíritu de Jehová. En tal ambiente ciertamente no habría dificultad u obstáculo alguno tocante a la oración, así como no lo hay en el compañerismo con sus hermanos y hermanas en las reuniones.
23 Además, ¡qué notable lección de humildad verdadera hay aquí! Aun el Señor resucitado no exige entrar, diciendo: ¡Venga, abra! Más bien, se le representa estando de pie afuera, tocando pacientemente y esperando para ver si usted será tan bondadoso como para oír y responder. Cuando estuvo en la Tierra, Jesús dijo que era “de genio apacible y humilde de corazón.” Todavía lo es, y en esto pone un ejemplo excelente para nosotros. Se da mucho énfasis en estos días a la obra de pastorear que hacen principalmente los siervos y superintendentes nombrados de las congregaciones de los testigos de Jehová. Estos tienen el deber de visitar a todos los pequeños de Jehová de prestar atención especial a cualesquiera que hayan llegado a ser semejantes a ovejas enfermas o extraviadas. Al hacer tales visitas, ¡cuánto cuidado tienen que tener estos siervos de abrigar el mismo motivo y mostrar el mismo espíritu amigable y humilde que Jesús pintó en su ilustración!—Mat. 11:29; 18:12-14; Heb. 13:8.
24 Sin embargo, todos los testigos de Jehová pueden tomar a pechos la misma lección. Todo nuestro trabajo al visitar a la gente, desde la primera visita en adelante, incluye el aspecto de pastorear. Estamos buscando a personas semejantes a ovejas. De manera literal, nos quedamos ‘de pie a la puerta y tocamos.’ Sí, creemos que es una obligación el seguir haciendo visitas, pero aunque muchas no respondan ni muestren una actitud semejante a oveja, nunca debemos, ni literal ni figuradamente, poner el pie en la puerta, insistiendo en presentar nuestro mensaje a toda costa. No podemos exigir ni que se nos oiga ni que se nos deje entrar, pero sí debemos darle a saber a la gente que estamos allí y mostrar de una manera sincera y amigable “junto con un genio apacible y profundo respeto,” que nuestro motivo es bueno.—Rev. 3:20; 1 Ped. 3:15.
25 Finalmente, esta lección de humildad nos va a ser de gran ayuda en cuanto a nuestras oraciones al “Oidor de la oración.” Una mente y un corazón verdaderamente humildes nos serán muy valiosos para poder a todo tiempo ‘acercarnos con franqueza de expresión al trono de bondad inmerecida,’ seguros de que se nos oirá y de hallar misericordia y ayuda exactamente al tiempo oportuno.—Heb. 4:16.
[Preguntas del estudio]
1. ¿Cómo demostró David de joven su fe y devoción para con Jehová?
2. Cuando fue entronizado en Sion, ¿qué acción emprendió David, y por qué?
3. ¿Qué siguiente paso deseó dar David, y con qué resultado?
4. ¿Qué comparación se ve entre la oración de David y el padrenuestro?
5. ¿De qué manera muestra el Salmo 122 aprecio vehemente a la casa y la ciudad de Dios?
6. Relativo a acercarse a Dios en oración, ¿qué indica el Salmo 65?
7. ¿Qué amplitud alcanza el llamamiento que se hace en la Palabra de Dios para que haya un acercamiento a él?
8. ¿Cómo ha demostrado Jehová gran misericordia, primero al Israel espiritual y luego también a muchos “extranjeros”?
9. ¿Quiénes fueron los primeros que le enseñaron a David el conocimiento verdadero de Dios, y con qué resultados?
10. ¿Es posible y necesario proceder hoy de manera semejante a la de David? ¿A qué pregunta nos lleva esto?
11. (a) ¿De qué manera fue la Ley ‘una sombra de buenas cosas por venir’? (b) ¿Cómo menciona e identifica Pablo la casa espiritual de Dios?
12. Según el Salmo 132, ¿dónde se deleita en morar Jehová, y qué estímulo derivamos de eso nosotros?
13. ¿Cómo asemeja Pablo la congregación cristiana a un hombre hecho?
14. ¿De qué maneras satisfacen hoy en día los testigos de Jehová los requisitos mencionados por Pablo?
15. (a) ¿Qué asociación debemos buscar, y por qué? (b) Cuando se le pidió que enseñara a orar, ¿cómo respondió Jesús?
16. ¿Cómo siguen los testigos de Jehová el ejemplo de Jesús en cuanto a esto, y en qué se basa su unidad?
17. ¿De qué manera se suministra ayuda en cuanto a hacer frente a los problemas personales?
18. ¿Cómo se puede ayudar a los buscadores sinceros a acercarse a Dios, y con qué apoyo bíblico?
19, 20. (a) Colectivamente, ¿de qué excelente asociación se disfruta ahora, y qué pregunta surge debido a ello? (b) ¿Qué cosa asombrosa vio Juan en visión, y con qué efecto? (c) ¿Cómo se da énfasis a esta asociación estrecha?
21. (a) ¿Qué consejo e ilustración dio Jesús en Revelación 3:19, 20? (b) ¿Cómo nos beneficiaríamos al responder al toque a la puerta que Jesús mencionó?
22. ¿Por qué se dice que la dedicación es una invitación bilateral, y en qué bendiciones resulta?
23. ¿Qué excelente lección de humildad se discierne aquí tocante a la obra de pastorear?
24. ¿Por qué se puede decir que esta misma lección aplica a todos los testigos de Jehová?
25. ¿De qué otra manera nos será de ayuda inapreciable la humildad verdadera?

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