miércoles, 8 de junio de 2011

Atalaya del 15 de enero de 1970, págs. 35-36

La belleza de la compasión
ENTRE las cosas que contribuyen al gozo de vivir está la belleza. Y hay diversas clases de belleza. Hay belleza que atrae a los sentidos, como las vistas y sonidos hermosos. También hay belleza que atrae al intelecto, como la literatura hermosa. Pero entre las cosas más bellas de la vida están las personas que poseen belleza moral.
¿Belleza moral? Sí, la belleza que hace llamamiento a lo mejor que hay en nosotros, a nuestra conciencia, a nuestros ideales. Las acciones altruistas, abnegadas, verdaderamente son bellas. Y en particular es bello el mostrar compasión.
¿Qué es esta bella cualidad de la compasión? Según el Diccionario de la lengua española, compasión es “sentimiento de ternura y lástima que se tiene del trabajo, desgracia o mal que padece alguno.” En otras palabras, la compasión mueve a acudir al socorro de los que necesitan ayuda, ya sea física o espiritual, o de los que desean perdón.
¡Cuán alejadas están hoy algunas personas de mostrar compasión! Por ejemplo, el Times de Nueva York del 18 de marzo de 1969 informó en su primera plana: “Joven atado, quemado hasta morir: 19 aprehendidos.” Este fue el modo en que una pandilla de motociclistas se vengó en el líder de una pandilla rival. El mismo diario, el 2 de abril, relató que un hombre colgó de una cuerda, en un baño, a una nenita de dieciocho meses, hija de la mujer con quien vivía, y la azotó con un cinturón de hebilla. Cortada la cuerda, la niña cayó al suelo, donde se le dejó yacer con un brazo roto durante dos días. La gente que está muy alejada de la compasión también está muy alejada de Dios. ¿Por qué?
Porque la compasión es una de las cualidades de Dios, como lo muestra repetidas veces la Biblia. Fue “en la compasión de Jehová” que los mensajeros angelicales apresuraron a Lot y a su familia a salir de las ciudades de Sodoma y Gomorra, que estaban destinadas a la destrucción. (Gén. 19:16, 17) A través de su historia Jehová Dios mostró compasión a la nación de Israel, tal como leemos: “Jehová el Dios de sus antepasados siguió enviando avisos contra ellos por medio de sus mensajeros, enviando vez tras vez, porque sentía compasión por su pueblo y por su morada.” Y concerniente a los que hoy le sirven fielmente él dice: “Ciertamente les mostraré compasión, tal como un hombre le muestra compasión a su hijo que le sirve.”—2 Cró. 36:15; Mal. 3:17.
Jesucristo, el Hijo de Jehová Dios, reconoció el valor y la necesidad de mostrar compasión, como se puede ver tanto por sus palabras como por sus acciones. Contrastó al padre compasivo del hijo pródigo con el hermano mayor, que no mostró compasión. También contrastó al buen samaritano que mostró compasión al hombre golpeado, robado y dejado medio muerto en el camino, con el sacerdote y el levita que pasaron por alto a la víctima sin mostrar compasión.—Luc. 10:30-33; 15:20, 27-32, Mod.
Y Jesús practicaba lo que predicaba. En realidad, pudiera decirse que dedicó todo su ministerio terrestre a mostrar compasión a los que padecían necesidad y sufrían espiritual y físicamente. En consecuencia leemos que, “al ver las muchedumbres se compadeció de ellas, porque estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor.” Necesitaban ayuda espiritual y se la dio enseñándoles. ¡Y cuán a menudo mostró compasión por sus necesidades físicas, curando a los enfermos, alimentando a las multitudes y hasta levantando a los muertos, devolviendo personas amadas a otros!—Mat. 9:36; 11:28-30; 14:14; 15:32; 20:34; Mar. 1:41; Luc. 7:13, NR.
¿Cómo puede usted mostrar compasión? Un modo de hacerlo es ayudando a los que hayan sufrido alguna desgracia. Por ejemplo, no hace mucho tiempo, en Brooklyn, una joven se resbaló y cayó en una acera concurrida. Mostró tener dificultad al tratar de levantarse, pero nadie le prestó atención hasta que un matrimonio cristiano llegó y le preguntó: “¿Podríamos ayudarla?” Ella contestó: “Se lo agradecería mucho.” Al ayudarla a levantarse el matrimonio notó que tenía un brazo enyesado. Con anterioridad se había roto la muñeca. ¡Con razón se le hacía difícil ponerse de pie!
Otro modo en que uno puede mostrar compasión es estando dispuesto a perdonar. Jesús puso de relieve esto en su parábola acerca del esclavo a quien se le había perdonado una deuda grande pero que rehusó perdonar una deuda pequeña que otro esclavo le debía a él. El esclavo que no perdonó fue echado a la prisión hasta que pagara todo lo que debía. Aplicando este principio, Jesús dijo: “Del mismo modo también tratará mi Padre celestial con ustedes si no perdonan de corazón cada uno a su hermano.” El consejo del apóstol Pablo está en armonía con esa parábola: “Háganse bondadosos los unos con los otros, tiernamente compasivos, libremente perdonándose unos a otros así como Dios también por Cristo libremente los perdonó a ustedes.”—Mat. 18:23-35; Efe. 4:32.
Los ministros cristianos tienen el privilegio singular de mostrar compasión por medio de llevar las buenas nuevas del reino de Dios a los que tienen hambre y sed de justicia. Tal como sucedió durante el tiempo del ministerio terrestre de Jesús, hoy en día hay muchos que son como ovejas sin pastor.—Mat. 24:14.
¿Qué le ayudará a uno a mostrar compasión? Varias cualidades. Una de ellas es la humildad. Como resultado de ejercer esta cualidad uno no se sentirá superior a los que necesitan ayuda. Otra cualidad es el contentamiento. Impide que uno esté demasiado ocupado para ayudar a los necesitados. Otra cualidad es la empatía. Al grado que uno pueda ponerse en el lugar de otro, a ese grado podrá mostrar compasión. Y la más importante de todas las cualidades es el amor, amor altruista al prójimo, según lo mostró Jesús en su parábola del buen samaritano. Adecuadas aquí son estas palabras del apóstol Juan: “Cualquiera que tiene los medios de este mundo para el sostén de la vida y contempla a su hermano pasar necesidad y sin embargo le cierra la puerta de sus tiernas compasiones, ¿de qué manera permanece el amor de Dios en él?”—1 Juan 3:17.
Sí, en particular el amor altruista, basado en principios, le ayudará a uno a manifestar la hermosa cualidad de la compasión.

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