martes, 7 de junio de 2011

Atalaya del 1 de enero de 1970, págs. 23-26

Guárdese de “excesos con vino”
VINO... ¡qué maravilloso don de parte de nuestro Creador, Jehová Dios! Él fue quien hizo las deliciosas uvas y otras frutas, sí, las hizo de modo que casi revientan de dulzura cuando están maduras, y combinó en ellas ésteres y ácidos para aroma, sabor y perfume. Jehová Dios también estableció las leyes de la química mediante las cuales estos azúcares de las frutas pueden ser desintegrados por fermentación en alcohol. Además de eso, Jehová hizo los microorganismos que se llaman levaduras, tan necesarios como catalizadores en el proceso de la fermentación, y hasta revistió el hollejo de las uvas maduras con el polvo fino de estas células de levadura. ¡Verdaderamente todo el ciclo, desde la fruta hasta un vino añejo, refleja la sabiduría y benignidad de nuestro magnífico Creador!
Sin embargo, si nosotros en cambio mostramos sabiduría semejante prestaremos atención a las instrucciones de Jehová sobre cómo se debe usar esta bebida selecta, para no abusar de ella. Esto significa que nos guardaremos del uso excesivo y abusivo del vino. (1 Ped. 4:3) También hará aumentar nuestro aprecio de este producto singular de la vid el tener un poco de información básica sobre la historia y los usos del vino.
HISTORIA BÍBLICA DE ESTA BEBIDA ÚTIL
La historia registrada de la elaboración del vino tiene más de cuatro mil trescientos años, y el relato más antiguo nos dice que Noé plantó una viña después del Diluvio e hizo vino de sus uvas. (Gén. 9:20, 21) Desde los tiempos más tempranos esta bebida se ha usado a la hora de las comidas. (Gén. 27:25; Ecl. 9:7) El vino, el pan y otros alimentos a menudo se mencionan juntos. (1 Sam. 16:20; Cant. de Cant. 5:1; Isa. 22:13; 55:1) Melquisedec puso “pan y vino” delante de Abrahán. (Gén. 14:18-20) Jesús bebió vino con sus comidas cuando estaba disponible.—Mat. 11:19; Luc. 7:34.
El vino constituía una parte muy importante de las celebraciones especiales... banquetes (Est. 1:7; 5:6; 7:2, 7, 8; Dan. 5:1, 2, 4), banquetes de bodas (Juan 2:3, 9, 10; 4:46), y otras festividades. (1 Cró. 12:39, 40; Job 1:13, 18) Las proveedurías reales estaban abastecidas de vinos (1 Cró. 27:27; 2 Cró. 11:11); el rey Salomón tenía su “casa del vino” (Cant. de Cant. 2:4); era la bebida que acostumbraban tener reyes y gobernadores. (Neh. 2:1; 5:15, 18; Dan. 1:5, 8, 16) Los viajeros lo incluían a menudo en sus provisiones para el viaje.—Jos. 9:4, 13; Jue. 19:19.
Esta es una bebida que se puede guardar por años, que hasta mejora en calidad con los años, haciéndose más suave, más doncel. En realidad, es la única bebida que mejora después de ser embotellada. Por esta razón, y debido a su uso extenso, el vino llegó a ser un artículo de comercio (Neh. 13:15), y el “vino de Helbón” (preferido por los reyes de Persia) y el “vino del Líbano” fueron particularmente famosos.—Eze. 27:18; Ose. 14:7.
Salomón usó vino como medio de paga por materiales que se usaron en la construcción del templo. (2 Cró. 2:8-10, 15) Se consideraba un excelente regalo para los superiores de uno (1 Sam. 25:18; 2 Sam. 16:1, 2), y se incluía en la contribución del décimo que se daba para sostener a los sacerdotes y levitas. (Deu. 18:3, 4; 2 Cró. 31:4, 5; Neh. 10:37, 39; 13:5, 12) Adecuadamente, el vino estaba entre las cosas selectas que se le ofrecían a Jehová cuando se le hacían sacrificios en adoración. (Éxo. 29:38, 40; Lev. 23:13; Núm. 15:5, 7, 10; 28:14; 1 Sam. 1:24; 10:3; Ose. 9:4) Sin embargo, al ofrecerlo no se imitaba la adoración pagana de Dionisos (Baco) y el derrame de libaciones a otros dioses.—Deu. 32:37, 38; Isa. 57:6; 65:11; Jer. 7:18; 19:13.
El vino al principio no era parte de la cena de la Pascua, sino que se agregó después, quizás después que los israelitas regresaron del destierro en Babilonia. Por lo tanto estaba en la mesa cuando Jesús celebró por última vez la Pascua con los doce apóstoles, y a él le fue conveniente usarlo al instituir el memorial de su muerte. La roja “sangre de uvas” fue una representación adecuada de la propia sangre de sacrificio de Jesús derramada a favor de la humanidad. En aquella ocasión Jesús se refirió al vino como “este producto de la vid,” y dado que esto era posiblemente siete meses después de la cosecha de las uvas, no puede haber duda de que era zumo fermentado de la vid.—Gén. 49:11; Mat. 26:18, 27-29.
Como informó el médico Lucas, el vino tenía cierto valor medicinal como antiséptico y desinfectante ligero. (Luc. 10:34) De modo que ésta es una bebida que tiene valor medicinal y también sabor agradable. La Biblia lo recomienda como remedio curativo en casos de ciertos trastornos intestinales ocasionados por beber agua mala. Se observaba que la gente que bebía vino no padecía de enfermedades asociadas con el agua contaminada. Por consiguiente, Pablo aconsejó a Timoteo: “Ya no bebas agua, sino usa un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes casos de enfermedad.” (1 Tim. 5:23) El hecho de que éste fue consejo médico sano lo apoya esto que escribió el Dr. Salvatore P. Lucia, profesor de medicina de la Escuela de Medicina de la Universidad de California:
“El vino es la más antigua bebida dietética y el más importante agente medicinal en uso continuo a través de la historia de la humanidad. . . . En realidad, pocas otras sustancias disponibles al hombre se han recomendado tan extensamente por sus facultades curativas como los vinos.”
Respecto a su eficacia para combatir diversos males intestinales esta misma autoridad dice:
“El vino se usa extensamente en el tratamiento de las enfermedades del sistema digestivo. Se ha descubierto que es particularmente provechoso en la anorexia, la hipoclorhidria sin gastritis y la dispepsia hiposténica. La insuficiencia hepática secundaria responde favorablemente al vino blanco de mesa seco no adulterado. El contenido de tanino y las propiedades antisépticas ligeras del vino lo hacen valioso en el tratamiento del cólico intestinal, la colitis mucosa, el estreñimiento espasmódico, la diarrea y muchas enfermedades infecciosas del sistema gastrointestinal.”—Wine as Food and Medicine, págs. 5, 58.
Por lo antedicho es evidente que el vino realmente es uno de los dones maravillosos que están incluidos entre las otras bendiciones terrestres de Jehová para la humanidad. El vino “regocija a Dios y a hombres”; “regocija el corazón del hombre mortal”; pone el corazón en “humor alegre.” (Jue. 9:13; Sal. 104:15; Est. 1:10; 2 Sam. 13:28; Ecl. 2:3; 10:19; Zac. 10:7) Por consiguiente, Daniel cuando estuvo de duelo no bebió vino. (Dan. 10:2, 3) Un abastecimiento abundante de vino, simbolizado por la “vid” en la expresión que se repite tan a menudo ‘sentados bajo su propia vid y su propia higuera,’ denota prosperidad y seguridad bajo la administración justa de Jehová. (1 Rey. 4:25; 2 Rey. 18:31; Isa. 36:16; Miq. 4:4; Zac. 3:10) El vino también se incluye en las ‘bendiciones de la restauración’ prometidas por Jehová. (Joel 3:18; Amós 9:13, 14; Zac. 9:17) Sin embargo, dichas bendiciones dependen de la fidelidad a Jehová y de la obediencia estricta a sus requisitos justos. La desobediencia significa lo contrario: calamidad y desolación con poco o ningún vino.—Deu. 28:39; Isa. 24:7-11; Amós 5:11; Miq. 6:15; Sof. 1:13; Ageo 1:11.
GUÁRDESE DE LA BORRACHERA
La moderación en todo es un principio bíblico. Ni siquiera la miel está exceptuada... en moderación es buena; el comer demasiado de ella es perjudicial. (Pro. 25:27) Lo mismo aplica a los dones de Jehová de vino y otras bebidas alcohólicas. Estos también tienen que usarse como él lo manda. El beber en demasía y el desatender los principios bíblicos al usar estas provisiones trae la desaprobación de Jehová y lleva a libertinaje y muerte. La Biblia se expresa muy enfáticamente sobre este asunto, tanto en sus preceptos como en sus ejemplos.—Pro. 23:29-31.
El vino y el uso apropiado de él no se censuran, pero la Biblia prohíbe la borrachera y condena la falta de gobierno de uno mismo. “¡Ay de los que están levantándose muy de mañana para buscar solo licor embriagante, que van quedándose hasta tarde en la oscuridad nocturna de modo que el vino mismo los inflama!” (Isa. 5:11) “¿Quién tiene el ¡ay!? ¿Quién tiene desasosiego? ¿Quién tiene contiendas? ¿Quién tiene preocupación? ¿Quién tiene heridas sin causa? ¿Quién tiene deslustre de ojos? Los que se quedan largo tiempo con el vino, los que entran en busca de vino mezclado.” (Pro. 23:29, 30) “No llegues a estar entre los que beben vino en exceso,” pues un exceso de alcohol causa “pobreza,” “adormecimiento,” ‘quita el buen motivo,’ causa “furia,” hace que uno ‘holgazanee,’ o que cause ‘alboroto.’—Pro. 23:20, 21; Ose. 4:11; 7:5, 14; Zac. 9:15.
Aunque cantidades moderadas de vino son provechosas como alimento y medicina, cantidades excesivas producen una condición de borrachera en la que uno queda vencido y pierde el control de la mente y el cuerpo. (Sal. 60:3; 78:65; Jer. 23:9; Joel 1:5) Los excesos, escribió el sabio, son ‘justamente como mordida de serpiente, justamente como veneno de víbora,’ y causan cirrosis del hígado y delírium tremens mental, aun hasta el grado de matar al borracho. (Pro. 23:32) La persona que le tiene un amor insaciable al vino de seguro también viene a parar en pobreza, pues no puede trabajar, al no ser confiable.—Pro. 21:17.
La Biblia también nos provee ejemplos que nos advierten contra el uso incorrecto del vino y otras bebidas alcohólicas. Parece que Noé inadvertidamente se embriagó, lo cual a su vez llevó a que tuvieran lugar graves actos indecorosos. (Gén. 9:20-27) Habiéndosele emborrachado con vino, Lot no supo, cuando ello aconteció, que había engendrado los hijos de sus dos hijas. (Gén. 19:32-38) De los “borrachos de Efraín” se dice que “se han extraviado en su ver, han trastabillado en cuanto a decisión.” (Isa. 28:1, 7) Nabal fue un ejemplo de un borrachín que ‘no servía para nada’ con poco o nada de gobierno de sí mismo.—1 Sam. 25:25, 36.
LOS CRISTIANOS ESPECIALMENTE DEBEN TENER CUIDADO
El borracho se inclina a ser alborotador, desenfrenado, ruidoso y ridículo en sus acciones. (Sal. 107:27; Pro. 20:1; Isa. 19:14) En consecuencia, la práctica de la borrachera no se puede tolerar en la congregación cristiana. Por lo tanto, los individuos que ingresan en la congregación cristiana dejan a un lado las “obras de la carne,” incluso “borracheras, diversiones estrepitosas y cosas semejantes,” sabiendo muy bien que ‘los borrachos no heredarán el reino de Dios.’ (Gál. 5:19-21; 1 Cor. 6:10) “Porque basta el tiempo que ha pasado,” escribe el apóstol Pedro a los cristianos, “para que ustedes hayan obrado la voluntad de las naciones cuando procedían en hechos de conducta relajada, lujurias, excesos con vino, diversiones estrepitosas, partidas de beber.” (1 Ped. 4:3) “No anden emborrachándose con vino, en lo cual hay disolución,” es el mandato. (Efe. 5:18) Moderación y juicio sano se requieren de todos los que son de la congregación... de los superintendentes, de los siervos ministeriales, de los hombres y mujeres ancianos así como de los más jóvenes.—1 Tim. 3:1-3, 8; Tito 1:6, 7; 2:2-4, 6.
Contrario a las opiniones erróneas de algunos, los licores alcohólicos no son estimulantes para la mente, sino que en realidad son sedantes y deprimentes del sistema nervioso central. “Den ustedes licor embriagante al que está a punto de perecer y vino a los que están amargados de alma,” no como un estimulante de la mente para hacerlos más conscientes de su dolor, sino más bien, para que olviden sus dificultades. (Pro. 31:6, 7) La antigua costumbre de dar a los criminales vino con narcótico para embotar el dolor de la ejecución quizás explique por qué los soldados romanos le ofrecieron vino con narcótico a Jesús cuando lo iban a fijar en el madero.—Mar. 15:23.
Debido a que las bebidas alcohólicas son deprimentes Jehová les prohibió a los sacerdotes y levitas tomarlas, cuando estuvieran en servicio en el tabernáculo o templo, aun en pequeñas cantidades, bajo pena de muerte. (Lev. 10:9; Eze. 44:21) Cuando no estaban en servicio podían beber con moderación. (1 Cró. 9:29) También era disposición reglamentaria divina que los nazareos que estaban bajo voto no bebieran alcohol. (Núm. 6:2-4, 13-20; Amós 2:12) Debido a que Sansón habría de ser nazareo desde que naciera, a su madre ni siquiera se le permitió beber vino o licor durante su preñez. (Jue. 13:4, 5, 7, 14) Cuando desempeñan su cargo, “no es para los reyes beber vino ni para los funcionarios encumbrados decir: ‘¿Dónde hay licor embriagante?’” para que no ‘se olviden de lo que está decretado y perviertan la causa de cualquiera de los hijos de la aflicción.’ (Pro. 31:4, 5) De modo semejante, como ya se mencionó, los siervos ministeriales de la congregación cristiana “igualmente deben ser serios, . . . no dados mucho vino.”—1 Tim. 3:8, 9.
¿HAY QUE ABSTENERSE POR COMPLETO?
Sí, a veces. Se dice que el alcoholismo es una enfermedad en la que la víctima siente un constante apremio por tomar bebidas alcohólicas y que éste es más fuerte que su fuerza de voluntad para desistir de ello. Las personas que son afectadas así deben abstenerse por completo para que el impulso a los excesos no las venza. Hay otros casos en que el beber alcohol, aun en cantidades pequeñas, es desacertado y perjudicial para la salud de uno. También hay ocasiones en que uno debe abstenerse de beber licores embriagantes para no ser causa de tropiezo para otros, por amor y consideración a la conciencia de otros, como declaró el apóstol Pablo (Rom. 14:21) Recuerde, las “expresiones de cariño son mejores que el vino.” (Cant. de Cant. 1:2, 4; 4:10) Después de todo, las bebidas alcohólicas no son una necesidad. Durante cuarenta años los israelitas no bebieron vino ni bebida espirituosa. (Deu. 29:5, 6) Después de haberse abstenido de beber vino durante casi 300 años los recabitas fueron elogiados por su fidelidad. (Jer. 35:2-19) La abstinencia mientras llevaron la vida de nazareos no restó de la salud y fuerza ya fuera del hombre fuerte Sansón ni del robusto Juan el Bautista.—Núm. 6:1-4; Jue. 16:17; Mat. 11:18; Luc. 1:15; 7:33.
De modo que si a usted le es mejor abstenerse, enhorabuena. Pero si usted puede disfrutar de este don bueno procedente de Jehová, hágalo en ocasiones y lugares apropiados y de acuerdo con las leyes divinas de moderación.

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